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Ritual a la Pachamama

El ritual a la pachamama o pago a la tierra es una ofrenda, un antiquísimo ritual andino que se ha mantenido a través del tiempo. Sigue siendo muy actual en toda la cultura serrana del Perú, la que mantiene aún vivos determinadas tradiciones  de la cultura inka.

Responde a la lógica del “ayni” ó ley de correspondencia. Ya que la madre  tierra “pachamama” nos da todo para nuestra supervivencia, en justa retribución le entregamos, aunque sea  simbólicamente los productos más valorados.

Con el sentido práctico que necesariamente se ha desarrollado siempre en poblaciones montañeras, también se piden favores a los Apus o poderosos espíritus de las montañas más prominentes. Se pide por la salud y por la prosperidad de las cosechas y de los rebaños de llamas, alpacas, los bueyes y animales menores.

Así la coca, la chicha, flores, frutos, granos y no puede faltar grasa animal, metales, comida y eventualmente un feto de llama, se colocan cuidadosamente sobre una “lliclla“ o manta típica, mientras el oficiante, sacerdote andino, va invocando y orando a los Apus de todas las direcciones, a “Inti”, el padre sol y a la propia Pachamama.

Los asistentes a través del kintu (tres hojas de coca) también participan y suelen exponer secreta o públicamente sus peticiones.

Finalmente se hace un paquete con todo, se ofrece a los apus y se quema con una fogata. Las cenizas se entierran. Si se ha quemado bien todo es indicativo de que el ritual ha sido bien recibido.

Inicialmente se solía practicar en zonas lejanas, en los cerros, montañas y nevados, actualmente se solicitan los servicios de un sacerdote andino incluso para inaugurar un negocio u ocupar una nueva vivienda. Los “Paco Runas” ó “Alto Misayocs” (jerarquías religiosas) suelen ser de la nación de los Queros, la que mantiene viva la llama incaica, ya que se ha mantenido alejada de los efectos coloniales, hasta hace unos cuarenta años.

En nuestros encuentros nos agrada organizar un “pago” u ofrenda con un verdadero “Paco Runa” por una parte como reconocimiento a la tierra y a la cultura que nos acoge y por otra como bendición y buenos auspicios para que los viajeros puedan vibrar con los nativos y recibir sus bendiciones.