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El drama de las adicciones y las nuevas oportunidades

De tanto en tanto vemos caer en la autodestrucción e incluso en el suicidio a personajes famosos por sus incontrolados excesos al consumo de drogas. Es un reflejo de la dramática situación de nuestra sociedad enferma, casi terminal a tenor de las cifras estadísticas que se manejan solo en EEUU.

Si bien es cierto que en todos los tiempos y en todas las sociedades ha habido interés por acceder a  estados alterados de conciencia,  por lo general en por la consciente o inconsciente búsqueda de magia y trascendencia, que ha representado siempre la piedra angular de las experiencias religiosas y místicas, que han contribuido en gran partea fundar las grandes y pequeñas culturas, nunca en la historia conocida ha habido un fenómeno tan brutal de consumo de drogas y mucho menos de producción artificial.

Hasta los animales, en todas las especies no dejan pasar las oportunidades que se presentan naturalmente de ingerir sustancias psicotrópicas lo que permitió muchas veces a los humanos identificar  estas sustancias por observación de las conductas animales como en el caso de las cabras y los granos del café en Arabia.

Aparte del alcohol cuyos excesos han sido frecuentes desde tiempos inmemoriales, (hasta en la biblia se menciona una borrachera de Noé), no ha sido hasta los años 70s, no por casualidad (guerra del Vietnam y consecuentes estrategias de control social), que se ha disparado la producción y el consumo de las drogas. Algunas aisladas de productos naturales (heroína, cocaína), de síntesis (anfetaminas, extasis, terocal)  y naturales (tabaco, marihuana, coca) que están afectando seriamente a nuestra desmoralizada sociedad y generando un auténtico problema de salud pública.

La oferta de drogas es insidiosa. Se comienza con una inocente experiencia que genera un hábito hasta convertirse en un vicio para culminar con una  toxicomanía, fuente de innumerables conflictos y sufrimientos para el enfermo (ya que de una enfermedad se trata) y también para quienes le rodean.  Se destruyen los vínculos sociales y laborales y se van corroyendo con gran sufrimiento los vínculos familiares.

Entrando en el seno de las familias que están sometidas a la dura situación de tener a un miembro drogadicto ya no vemos frías estadísticas sino una cruda realidad y una intolerable angustia y desazón. El enfermo se vuelve cada vez más aislado de su gente, irascible, egoísta, muchas veces ladrón y hasta agresivo haciendo imposible la convivencia. Situación que genera en él  cada vez más cerrazón, pánico, falta de autoestima y consiguiente autodestrucción agudizando cada vez más su cuadro patológico y sus consecuencias en una espiral satánica.

Este perfil puede ser más o menos ajustada a la realidad, pero no deja de ser genérico e impersonal. Si entramos en le mundo del enfermo veremos que es una experiencia individual provocada por sufrimientos, estrés, situaciones, debilidades, estímulos y limitaciones con tantos matices como personas implicadas y que depende en gran parte del entorno ambiental, físico y emocional y de la actitud psicosomática adoptada.

 

DE LAS SOLUCIONES.

La buena noticia es que en la gran mayoría de los casos de toxicomanía hay posibilidades reales de sanar y que el camino hacía la salida es relativamente fácil si el implicado adopta una firme determinación y mucho más si se deja ayudar con humildad  y entrega.

Ciertamente hay mecanismos bioquímicos cerebrales implicados en los efectos psicotrópicos, eventualmente, patológicos de cualquier droga que tienen que ver con las neuronas, los alcaloides, los neurotransmisores, desordenes cerebrales, por un lado  y ….. con los pensamientos y la voluntad, el propósito y las emociones por el otro,  que pueden manifestarse en un complejo desorden psicosomático  ( mente – cerebro – cuerpo).

Se habla de la acetilcolina que es un neurotransmisor vital para comunicar neuronas entre sí, de la adrenalina, la noradrenalina, la metionina, la serotonina, la dimetiltriptamina, etc. que pueden estar implicados tanto en los efectos psicoactivos como en la patología cerebral del toxicómano. 

No vemos posibilidades de hurgar ahí en busca de comprensiones y remedios si tenemos en cuenta que en la membrana de cada neurona hay unos cinco mil receptores y se habla de unos cuantos miles de neurotransmisores, que hay más de diez mil mecanismos bioquímicos por segundo en cada célula y que un solo pensamiento o intención puede cambiar hasta las letras genéticas del ADN (epigenética). Afortunadamente la regulación y reequilibrio de está danza vibratoria bioquímica corre a cargo de nuestro médico interno sin pasar por nuestra mente consciente.   

 

Lo que sabemos es que en el caso de estar atrapados por cualquier droga o dependencia psíquica, hay reales posibilidades de “escapatoria” y mucho más fáciles, según experiencia de lo que pueda parecer.

Se podrá reaccionar en la medida de que cada quien consiga de una forma u otra conectar con un nivel más profundo de su realidad. El loco más loco tiene siempre un punto de consciencia.

Paradójicamente cuanto más hundido se está mayores son las posibilidades de reacción. Como me dijo alguien, hace mucho tiempo, en mi proceso,  de dos años, con el alcohol: “ Hay que hundirse lo suficiente como para hacer pie en el fondo y poderse impulsarse hacia arriba.”  Así fue en mi caso y en otros conocidos.

Hay siempre un punto en el proceso en el por la misma gravedad de la situación el individuo puede reaccionar, apoyado o no por personas o circunstancias externas, y salir espontáneamente del truculento embrollo, lo que le puede proyectar hacia un verdadero renacimiento y correcta regeneración. Lamentablemente no es el caso de la mayoría, que siguen viviendo en el pozo que se han creado. Aquí podríamos hablar de Karma o causalidad.

Como en muchas enfermedades graves, el impacto que generan suele cambiar radicalmente el mundo de la víctima. Si se sale es con otro orden de prioridades y de valores y no son pocas las ocasiones en que la gente agradece la vivencia a pesar del gran sufrimiento padecido. Precisamente por este sufrimiento se ha aprendido y se ha madurado “a la brava”.

En su momento me pareció imposible dejar de fumar, después de diecisiete años de vicio, a la española (un cigarro (negro) después de otro). Lo dejé de un día a otro sin ningún síndrome de abstinencia.  Me limité a sustituir el cigarro por el deporte. Me dediqué a trotar una hora diaria y la satisfacción de oxigenar mi cuerpo sustituyó con creces el estúpido estímulo de los venenos del tabaco. Fue tan fácil que me avergoncé de tantos intentos fallidos.

Lo que descubrí  es, contra lo que se cree, que se trata de un heroico esfuerzo de voluntad. No fue así en mi caso. Solo se trató de tenerlo claro y una clara motivación para la decisión.

Mi motivación fue para no dar un mal ejemplo al hijo, ya que no quería esto para él.

Cualquier toxicómano tiene mil razones para salirse de la estúpida esclavitud. Basta un momento de claridad mental, un mínimo sentido de honestidad contigo mismo y, desde luego, compasión por quienes, a tu alrededor sufren las consecuencias de tu locura.

Basta que des el primer paso. La vida te va a ayudar, si quieres a través de nosotros, que sabemos más o menos por lo que estás pasando ya que nuestro equipo está formado también por ex toxicómanos, por nutricionistas, psicólogos y médicos y naturópatas.

Nosotros tenemos una vocación, una infraestructura, un remedio poderoso y una cierta experiencia en colaborar con quienes decidan dar este paso fundamental.

Nuestro método está basado en vida comunitaria, el contacto con la naturaleza, el trabajo en permacultura, construcción en madera y sobre todo en la gran purificación a través de la gran medicina, del cuerpo y del alma, que es la ayahuaska.

Solo infórmate y ponte en contacto.

 Wu wei, naturaleza, desetructuración de, ejercicio. Buen rollo, no etiquetas, etc.